de 36 años de edad, se sintió perdido. “No sabía
dónde buscar ayuda”, recordó. “Había servicios
de ayuda para la rehabilitación laboral, estudios,
lugares para obtener suministros médicos y otros
dispositivos para facilitarte la vida, pero no se
explicaba ninguno claramente. Y como mi familia
es mexicana, se me enseñó a nunca cuestionar la
autoridad”.
El Dr. Durán dice que para muchos latinos/
hispanos, es importante ser corteses y amables
con quienes desempeñan papeles de autoridad,
independientemente del grado de estrés que
sientan. Lo que se denomina “respeto” es un
valor importante para muchos latinos/hispanos.
“¿Y quién tiene más autoridad que un médico?”
preguntó. Ese concepto de respeto implica cierta
formalidad (decir “sí, señor”, no discutir), pero no
necesariamente se materializa como cooperación
con el proveedor de servicios de salud ni el plan
de tratamiento. Los hispanos/latinos pueden
seguir o no los consejos del médico, pero son
menos propensos a cuestionarlo. Eso es un gran
problema, explicó el Dr. Durán, particularmente
cuando el médico cree que si una persona asiente
con la cabeza, realmente está indicando que está de
acuerdo.
“Es necesario que aprendamos a responder,
cuestionar y hacer cosas que parecen contradecir
nuestros valores básicos”, dijo. “Los latinos deben
aprender una manera diferente de comunicarse
dentro del sistema médico. Por ejemplo,
les enseñamos a los latinos que los médicos
estadounidenses esperan que les hagan preguntas;
no lo consideran irrespetuoso”.
Otra estrategia es escoger profesionales de salud
que los comprendan mejor. Pérez, cuyos padres se
mudaron de México a Los Ángeles, dijo que para
él es útil tener un neurólogo que habla español.
“Siento que hay empatía cultural, lo que hace que
me sienta más cómodo. Pienso que puedo divulgar
más sobre mi situación y dificultades”.
El estigma de la enfermedad
Los hispanos/latinos tienden a valorar la
religiosidad, lo que puede ayudar a algunas
personas a sobrellevar una enfermedad crónica.
Pero también puede tener repercusiones
negativas, afirmó el Dr. Durán. “Ciertas
actitudes religiosas pueden hacer que
algunas personas piensen que deben
aguantar el sufrimiento en silencio o que
son víctimas de una maldición. Si creen
que Dios las está castigando, hay poco que
pueden hacer o, incluso, deben hacer con
respecto a su situación”.
La religión no es la única fuente de
estigmas relacionados con la enfermedad,
destacó la Dra. Amezcua. “Existe un
enorme estigma en la comunidad
relacionado con los síntomas de la
esclerosis múltiple, como la fatiga”,
afirmó. “Muchos de mis pacientes me
dicen que sus familiares los consideran
holgazanes”.